martes, 30 de enero de 2018

ESTAMOS TOCANDO EL FONDO


Si hay niños esclavizados fabricando nuestras zapatillas o tejiendo nuestra ropa, estamos tocando el fondo.
Si miles de personas tienen que abandonar la tierra que les vio nacer por las guerras, la pobreza o la opresión, estamos tocando el fondo.
Si los estados no dudan en hacer la guerra matando gente indiscriminadamente para conservar el poder, o por petróleo, o por dinero, estamos tocando el fondo.
Si otros pasan el día revolviendo en los basureros, buscando algo de comida, estamos tocando el fondo.
Si hay un 1% de gente que posee la misma riqueza que le 99 % restante, estamos tocando el fondo.
Si en lugar de reducir las emisiones de CO2 compramos a países pobres sus derechos de emisión para ensuciar más la atmosfera, estamos tocando el fondo.
Si la mujer es menos que un perro en muchas partes del mundo, estamos tocando el fondo.
Si nos hemos acostumbrado a ver personas sin casa pidiendo en una esquina y a otros les echan de la suya por dinero, estamos tocando el fondo.
Si nos quejamos porque llueve y hay mucha gente que no tiene agua para beber, estamos tocando el fondo.
Si se venden niñas para trabajar y se prostituye a otras contra su voluntad, estamos tocando el fondo.
Si la mujer, por serlo, es víctima cada día de una violencia gratuita y sin sentido, estamos tocando el fondo.


En fin…


Si miramos para otro lado ante todo esto para disfrutar de nuestro rinconcito de bienestar y no hacemos nada por cambiarlo, estamos tocando el fondo.


Y la poesía, al menos la mía, tiene la obligación de gritarlo.


ESPERANZA COMPARTIDA




¡Qué sociedad hemos hecho,
que aplaude a los triunfadores,
se olvida de los maltrechos,
y humilla a los perdedores?




¿Qué negro virus corroe
el corazón de este mundo,
que va impregnando las flores
con olores nauseabundos?




¿Qué clase de especie es esta?
¿Qué les hemos enseñado?
Qué hacen, de la burla, fiesta,
en vez de tender la mano.




Nos vestimos con la marca,
ropa con hilos manchados,
con la sangre y el sudor
de niños esclavizados.




¿Quién pintó la mar de rojo,
de negro la madrugada?
¿Por qué sollozan mis ojos
si quieren lindas miradas?




¿Por qué tiramos comida
mientras otros mueren de hambre?
¿Por qué hay bombas que lapidan?
¿Por qué hay sangre en el alambre?




¿Quién nos ha vuelto egoístas?
¿Quién hizo, al bueno, malvado?
¿Por qué al ver a un mendigo
miramos para otro lado?




Mientras...
zafios gobernantes,
a los que hemos elegido,
dan eructos rimbombantes,
pero no mueven ni un hilo,
para lavar su vergüenza,
para enmendar desatinos,
y que la justicia venza
recuperando el camino.
Solo tiran de la cuerda
atesorando caudales,
somos ceros a la izquierda,
mil daños colaterales.




Y en lugar de resistir,
prestos para la batalla,
nos pegamos por vivir
en nuestra jaula dorada.

Llamamos al negro...
¡negro!
si podemos les echamos,
cuidamos a nuestros perros
y a los pobres ignoramos.
Repudiamos refugiados,
compramos y consumimos,
sufrimos, pues deseamos
tener más que los vecinos.




No bajemos la cabeza,
no rindamos el trasero,
luchemos con entereza,

¡abrid paso!

¡voy primero!




Porque entre toda la mierda,
relucen perlas y risas,
porque aquí,
junto a mi puerta,
hay una hoguera encendida,
que es magia fuerte y serena,
que es lucha y es mano amiga,
es música y hierba buena,
y...

esperanza compartida.

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