miércoles, 2 de agosto de 2017

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Se entrega
el sol,
generoso,
en cada aurora,
a la razón de los cuerpos
que escenifican su existencia,
sufriendo avatares ignotos,
sorpresas reídas.
Se empeñan
las  estrellas
en abarcar sueños
en llenar de luz
los oscuros huecos de las almas
que duermen cansadas
agobiadas
rebosantes de sudores acres

Celan
la aguas,
en su empeño de saciar la sed
de un mundo seco,
de refrescar la desilusión
y la esperanza
Trascienden del egoísmo
las flores
regalando
mil aromas
mil colores
mil raciones de alegría

Disfruta
el bosque
donando el aire,
tesoro incalculable,
impulso necesario
de andares ilusionados
tras vidas de colores,
de sueños azules
en cunas de nostalgia.

Comparte
su risa un niño
su vuelo la mariposa
su escarcha la mañana
su rojo calor el fuego
su suave roce la brisa


Son pobres
los versos
que no se mecen en suspiros,
las comedias sin aplausos,
los frutos que no alimentan,
las protestas en solitario,
las ilusiones calladas,
las risas no compartidas.


Acunan
mis ansias,
la ilusión de vivir en el otro,
de expandir el círculo,
de romper las cadenas de lo mío,
las ganas
de besar tu flor y regar tu huerto,
de fundirme
en la esencia del universo.

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No
puedo
ser
siendo
solo